Como cuidar a piel de los pacientes oncologícos

La piel, el órgano más extenso de nuestro cuerpo sufre muchísimo durante y luego de haber pasado por diferentes situaciones de riesgo. Estos tratamientos agresivos, las radioterapias, o en el caso de haber tenido alguna operación contundente.

El dermatólogo Jorge Luis Vera Toledo, señala que es bien conocido que tratamientos agresivos provocan cambios en la piel. Y, los pacientes oncológicos son quienes lo padecen. Piel seca, frágil, reactiva y sensible. Son solo algunas de las características que agarra la piel, al recibir estos tratamientos extremos.

«Uno de los tantos problemas que enfrentan es la deshidratación cutánea, la cual es fácilmente detectable. Se manifiesta en forma de una piel más áspera, sin brillo ni elasticidad. Descamada y con frecuentes irritaciones, heridas y fisuras.

Su abordaje, perseguirá incrementar el contenido hídrico del estrato córneo. Y la normalización epidérmica de los procesos de queratinización. Ello se conseguirá mediante una hidratación integral».

En esa solución integral, se debe estar hidratado con agua o infusiones. Ya que estas llegan a la dermis a la dermis a través del torrente circulatorio. Una parte se queda allí y actúa como reserva de agua del organismo. Y, una pequeña parte la atraviesa y llega a epidermis por difusión, donde cambian las condiciones.

También se deben emplear cremas y lociones hidratantes que contengan ingredientes emolientes, las cuales mejorarán notablemente el aspecto de la piel. Al ser capaces de flexibilizar y suavizar el estrato córneo, fijar el agua aportada a la superficie cutánea de forma sostenida.

Es esencial, en la aplicación de estas medidas, mantener limpia la piel mediante el uso de jabones suaves, con un pH similar al cutáneo, agua tibia y sin aplicar fricciones en el enjabonado y en el secado.

Prurito

La desagradable sensación de picor en la piel se estima que está presente hasta en un 30% de los pacientes oncológicos. La mayoría de las veces es consecuencia directa de la sequedad cutánea que padece el paciente, aunque existen también otras muchas causas tales como el tratamiento instaurado, el propio cáncer, síndromes paraneoplásicos, disfunción renal o hepática o la afectación de ciertos órganos internos. La desazón que produce el picor y la sensación de escozor puede llevar al paciente a producirse lesiones por rascado, las cuales deben ser evitadas al máximo.

«El tratamiento a instaurar dependerá de si el picor es localizado o generalizado, de la causa que lo genera, de su intensidad y de la ansiedad que produce al propio enfermo, debiéndose adaptar a cada caso. Los antihistamínicos (anti H1) de administración oral y la aplicación de preparados tópicos antipruriginosos (calamina, mentol, polidocanol, capsaicina…) y antiinflamatorios constituyen la pauta básica a instaurar, debiendo ser complementada con tratamientos específicos según características del paciente».

La mayor parte de los cambios o lesiones en la piel son transitorias, reversibles cuando cesa el tratamiento y/o cuando se vence la enfermedad.

Manchas cutáneas e irritaciones

La hiperpigmentación que sufre la piel y mucosas puede ser parcial o generalizada, concentrándose las manchas en las zonas de roce y en los pliegues cutáneos.

«Las irritaciones resultantes del tratamiento quimioterápico pueden localizarse en cualquier parte del cuerpo, aunque es más frecuente que se produzcan en las palmas de las manos y pies. Si son consecuencia de la radioterapia, la radiodermitis se limitará a la zona irradiada y las lesiones tendrán una apariencia similar a la de una quemadura (eritema, descamación, maceración e incluso en los casos más severos, ulceración)».

Ulceración cutánea

Son pérdidas de la integridad de la piel, producidas por el propio tumor (úlcera tumoral) o por el encamamiento prolongado del paciente (úlcera de decúbito).

Las úlceras tumorales son causadas por la invasión directa del tumor sobre la piel, ya sea por afectación primaria (cáncer de piel) o por diseminación desde otro punto afectado (cabeza, cuello, mama), siendo mayor la probabilidad de producirse cuanto más avanzado esté el tumor. También pueden generarse como reacción al tratamiento instaurado, siendo entonces más frecuente su aparición en la región palmoplantar. Su tratamiento dependerá del grado de evolución, variando desde una minuciosa limpieza, desinfección y aplicación de preparados cicatrizantes hasta el tratamiento quirúrgico (desbridamiento).

Otras medidas a tener en cuenta para mantener la piel en óptimas, condiciones será utilizar ropa a base de fibras naturales. Amplia y cómoda, que permita una buena transpiración. Y, evite las rozaduras.

Asimismo, prescindir del uso de prendas o complementos (collares, gomas y aros de ropa interior, corbatas…). Que por su roce o composición puedan irritar la piel. Evitar temperaturas extremas y la exposición a la radiación solar directa.

Cabello, cejas, pestañas

La caída del cabello es un síntoma frecuente en los pacientes sometidos a tratamiento oncológico. Mientras que la quimioterapia debilita el cabello y el vello de todo el cuerpo y es un proceso reversible, la radioterapia únicamente afecta a la zona irradiada pero su reversibilidad (poco probable) dependerá de la dosis administrada.

«No toda la medicación quimioterápica impacta de igual forma en el enfermo. Si bien es cierto que algunos de estos fármacos no inducen la pérdida de cabello. Otros lo hacen de forma total, quedando afectando – además del pelo del cuero cabelludo-. El pelo de otras partes del cuerpo (brazos, axilas, pubis, cejas, pestañas,…). Algunas de ellas, con gran impacto en la imagen pública del paciente.

Si la pérdida es gradual, el cuidado del pelo y del cuero cabelludo consistirá en el uso de preparados suaves y no irritantes. Evitando todas aquellas intervenciones, que puedan agredirlo o sensibilizarlo. Como por ejempo: secadores de pelo con aire muy caliente, uso de tintes, decoraciones, alisados o permanente entre otros. Podrá complementarse con la administración de suplementos alimenticios.

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