CABEZAS SEDIENTAS

Enzo Galloza Parra

5to Elementary Roosevelt School

Mi abuelita Delia Acosta siempre cuenta una historia muy curiosa. Lo hace convencida que es real. Según ella, su abuelita Juana Sánchez se la contó cuando apenas era una niña. Vive en Tomayquichwa. Esta historia tuvo que haber nacido allí.

Dice que nunca deberíamos dormir con sed porque durante el sueño profundo la cabeza del sediento se le sale del cuerpo, desesperado en busca de agua. Si no la encuentra jamás regresa. Esa cabeza seguiría vagando en la madrugada buscando algo de beber. Hay personas que las vieron flotando, pero sobrevivieron al susto. Las cabezas sedientas salen a la calle cuando no encuentran agua en su casa. Cuando están en la calle tienen que encontrar agua como sea antes del amanecer, ya que no podrán regresar a sus cuerpos que dormidos esperan en sus camas.

El sufrimiento de las cabezas flotantes debe ser angustiante. Se les hace difícil conseguir algo de beber en su presuroso afán por saciar su sed. Se pegan al cuerpo de cualquier trasnochador que encuentran. También dice que no faltó algún valiente que en alguna oportunidad ofreció un gran vaso de agua a una cabeza sedienta, ayudándola para retornar a su cuerpo. Algunas no pudieron regresar y se quedaron por ahí sueltas, asustando en la madrugada a todo aquel que se cruce en su camino.

En mi casa, aunque no crean esta historia, nadie duerme de sed. Mi mamá Delia, incrédula, lleva su vasito de agua a su dormitorio.