Travis Scott y sus conciertos perturbadores

Una semana antes de la estampida mortal de Houston (Texas), Travis Scott actuó en Nueva York ante una multitud, en el estadio de béisbol de los Mets.

Para algunos adolescentes esa fue su primera experiencia en un gran concierto. Muchos regresaron a sus casas amoratados o con evidentes rasguños.

¿Pelea? No, simple consecuencia del furibundo baile que incita este rapero. Sus vibraciones y su capacidad de provocación e insulto dejan en poca cosa a los pogos de la era punk, aquel ejercicio a base de saltos y choques con otros asistentes.

 

“Es una locura” fue el término que utilizó un debutante en esta experiencia danzante que ahora se denomina mosh , más o menos “golpearse”.

Scott, nacido Jaques B. Western, de 30 años, natural de Houston, ha creado con su verbo una cultura de devoción y de caos. Gran parte de sus fans, “los rabiosos”, adoran su música, pero hay más que eso.

“Ha construido un nombre multiplatino, ampliamente visto como un avatar de excesos y un artista en directo electrificante que prioriza cómo te hace sentir la música y comportarte”, describe Joe Coscarelli en The New York Times .

“Furioso y, ya sabes, divirtiéndote,… No nos gusta la gente que se queda parada”, declaró en el 2015 en un vídeo en GQ titulado Cómo enfurecerse con Travis Scott , plataforma desde la que festejó su agresividad.

En sus espectáculos se produce un intercambio frenético de energía. Tiembla el suelo. Suben la bilis y la adrenalina en una experiencia sin parangón en los conciertos contemporáneos, sostienen los expertos.

Como promotor de esa catarsis colectiva, en la que se le acusa de incitar a una conducta peligrosa, Scott afronta las consecuencias del espectáculo del pasado viernes en su ciudad, frente a 50.000 congregados.

ubo ocho fallecidos, de 14 a 27 años, y centenares de heridos. Este miércoles se anunció la muerte cerebral de una joven de 22 años. Decenas de pleitos civiles han sido presentados por los heridos o los familiares de los difuntos. Una de estas familias, la del niño de nueve años ingresado en coma inducido, acusa directamente al rapero.

A pesar de los claros signos de que algo sucedía, el artista continúo por 40 minutos. La policía replicó que no canceló el show por el temor a que esa decisión originara disturbios.

“Nunca pude imaginarme la gravedad de la situación”

El artista aseguró que, pese a ver una ambulancia en la multitud, no comprendió la extensión de la emergencia. “Nunca pude imaginarme la gravedad de la situación”, afirmó.

En su carrera, sin embargo, existen pruebas de su temeridad. Incluso después de esta tragedia, en sus redes sociales aún quedaban rastros de su jactancia previa sobre los fans heridos e incluso muertos en sus shows, junto a imágenes más que perturbadoras.

Y no es la primera vez en que se ve involucrado en problemas. En en verano del 2015, en el festival Lollapalooza de Chicago, le cerraron el micrófono cinco minutos, tras incitar a los fans a montar una barricada para enfrentarse a los agentes de seguridad. “Queremos rabia”, gritó, lo que causó una estampida que hirió a una adolescente.

Scott reconoció su culpa por conducta temeraria y estuvo bajo supervisión durante un año.

Volvió a lo mismo en el 2017. Le arrestaron en Arkansas por incitar una algarada después de invitar al público a saltarse la seguridad y ocupar el escenario. Aceptó su culpa por un delito menor de desórdenes. Abonó una multa de 7.465 dólares.

Esto no hizo más que disparar su fama. Y más cuando ese año se unió al universo Kardashian al emparejarse con Kylie Jenner. Todo por el éxito.

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