14 DE FEBRERO

Por Arlindo Luciano Guillermo

Unos prefieren rosas y tulipanes, golosinas, chocolates de corazones, una cena con luz tenue y una vela roja encendida, un peluche gigante, una joya; otros, que no esperan que alguien le regale algo, eligen un libro como yo. Así que el 14 de febrero, apenas tomé la segunda taza de café pasado en la casa, me fui a Crisol. Mi pálpito de lector decía que alguna novedad editorial encontraría. Apenas me vio la vendedora dijo: “Caballero, llegó el libro de Vargas Llosa”. Lo cogí. Era El fuego de la imaginación. Obra periodística I, 785 páginas. Feliz, como un niño que ha recibido el juguete en Navidad, me fui a tomar el tercer café.  Ahí terminé de leer el prólogo que me advierte la riqueza y la variedad temática de los textos que contiene el libro. Solo el palmazo sobre la mesa me saca de mi enajenación lectora. Era Rafael que ingresaba con su novia para celebrar el Día de San Valentín.

La amistad es afecto al amigo, ese ciudadano que se desprende de sus sentimientos sinceros y se los entrega a otro, solo con la finalidad de compartir amenidad, escuchar, llorar, hacer catarsis y reír, de conversar infatigablemente caminando, con un café inacabable o por celular. Los amigos son la sal de la tierra, la condición necesaria para la felicidad personal y social. La amistad transparente es hija legítima de la lealtad, la honestidad y la incondicionalidad. No puede haber amistad ahí donde prolifera, como hongo venenoso que se esconde en el mimetismo, un Judas Iscariote, un Harpagón, un Shylock o un cobrador de impuestos. La amistad es nobleza, franqueza, presencia oportuna y empatía. No es lo mismo tener amigos que conocidos, colegas, allegados o compañeros de vecindario o trabajo. La amistad no es coyuntura, momento fugaz o banalidad, sino trascendencia. La amistad se fortalece en la adversidad, no en la urgencia económica.  Dice una copla popular: “Dónde están mis amigos que no los veo”. El auténtico amigo, como el verdadero sentimiento amoroso, sabe escuchar con los ojos, es compasivo, muestra solidaridad, perdona de verdad, no alberga odio ni resentimiento, no pide recompensa, pregunta por ti, aunque sabe que estás con la salud a tope, quiere saber si estás vivo o muerto, sin intereses ni recompensa; la amistad no es inversión fiduciaria. La mejor recompensa de la amistad es la